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La Editorial Acto Primero presenta “La Isla Púrpura” versión libre de José Padilla sobre la obra de Mijaíl Bulgákov

Editorial Acto Primero se pone en marcha con la publicación de su primer texto teatral contemporáneo y un único objetivo: sumar incondicionales, desde la lectura, al mágico mundo de las artes escénicas.

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Leer, vivir y sentir los libros

 

Despegamos con muchísima ilusión, siendo conscientes de lo difícil que será el camino y sobre todo, el mantenerse en él. No sólo seremos una editorial de teatro, aunque sí será su eje principal. Dentro de la editorial encontraréis la Colección Samuel Beckett que comprenderá un amplio abanico en el que se podrá encontrar: poesía, narrativa, ensayos… La idea de esta colección es cubrir esos textos que lejos del teatro, al leerlos nos atrapen igualmente.

SOBRE LA ISLA PÚRPURA Y SOBRE EL AUTOR

jose padilla

Es licenciado en Arte Dramático por la RESAD. Le ha sido concedido el Premio Ojo Crítico de Teatro de Radio  Nacional de España 2013, el Premio Réplica a mejor autoría canaria por su obra Porno Casero y su función Perra vida, escrita y dirigida por él, obtuvo el primer premio en el certamen Almagro Off 2016 por, en palabras del jurado, ‘la creatividad de la  propuesta escénica a partir del texto original de Cervantes y por la solidez del trabajo con los actores, apoyado con eficacia por la brillante versión’.

Su  proyecto  de  puesta  en   escena  de Medida por medida de Shakespeare fue merecedor del Premio Gayarre, esta producción se verá en dicho teatro en enero de 2017.

Ha traducido y adaptado Reventado de Sarah Kane o Have I none [Otro no tengo] de Edward Bond. Entre sus títulos originales encontramos Cuando llueve vodka o Papel, texto escrito y dirigido por él mismo para la productora Ventrículo Veloz.

En la primera edición del certamen Almagro  Off   presenta   su dramaturgia Malcontent que obtiene una mención especial del jurado. En 2012 estrena una versión de Enrique VIII de William Shakespeare en el Globe Theatre de Londres. Su adaptación de La importancia de llamarse Ernesto de Oscar Wilde, llevada a cabo junto a Alfredo Sanzol, fue nominada a Mejor Espectáculo Revelación en los Premios Max. En  abril     de     2013     co-dirige      su obra Sagrado Corazón 45 para La Casa de la Portera. Sus trabajos también comprenden la escritura y dirección de dos   obras: Los    cuatro    de Düsseldorf [#DÜSSEL4] estrenada en el Sol de York y Haz clic aquí para el Centro Dramático Nacional con  estreno en La Sala de La Princesa del Teatro María Guerrero en diciembre de 2013 y posterior reposición en octubre de 2014. Esta pieza, además, forma parte del repertorio de obras  del Teatro del Arte de Moscú. En 2016 también  dirigió  su   propia  adaptación de La isla púrpura de Mijáil Bulgákov coproducida por Buxman y Kamikaze Producciones, y, además, se estrenó su versión de Trabajos de amor perdidos de    William Shakespeare, realizada para Fundación Siglo de Oro y coproducida por el Globe Theatre de Londres.

José Padilla ha adaptado para solo seis actores un texto escrito para dieciséis, más una pléyade de figurantes: ha convertido un espectáculo potencialmente de grandísimo formato en una miniatura graciosa, que Lucía Barrado, Manolo Caro, Juan Vinuesa, Germán Torres y Montse Díez, sembrada en el papel de la diva pasada de ego y de rosca, interpretan en clave de farsa, como el texto pide, extremando la gestualidad, con virtuosismo en muchos casos. Delia Vime debuta en Sevilla en sustitución de Nerea Moreno. Hacia su zona central, la función se aparta del original, en un ejercicio metateatral dentro del metateatro. (Javier Vallejo. EL PAIS).

Hay montajes teatrales que pueden encuadrase dentro del término ‘correctos’, es decir, formal y artísticamente pasables, de los que uno no puede decir nada malo, sino todo lo contrario. Pero hay también otros montajes que, por mor de una cierta conjunción de estrellas -autor, adaptador, director, actores, productora…- elevan el producto final resultante a la categoría de extraordinario, especial, incluso sublime. Ese es, sin duda, el caso de ‘La isla púrpura’. Con la perspectiva que dan las nueve décadas transcurridas desde que Mijaíl Bulgákov escribiera ‘La Isla Púrpura’, sería injusto no subrayar la osadía, el valor y la inteligencia del dramaturgo para conjugar en la pieza todos los desmanes de uno de los sistemas políticos más despóticos y sanguinarios que ha dado la humanidad y que, junto al de la Alemania nazi de Hitler, constituyen las dos formas más oprobiosas del ejercicio del poder al menos desde la época de los griegos hasta nuestros días. (José-Miguel Vila. DIARIO CRÍTICO).

Hace tiempo que considero que un rasgo definitorio del trabajo teatral de José Padilla es su versatilidad, mejor dicho, su facilidad para entender las claves de los diferentes géneros, lo que le permite transitar entre ellos con contrastada solvencia. En esta ocasión el autor y director canario afincado en Madrid adapta de manera muy libre un texto del autor ucraniano Mijaíl Bulgákov, ‘La Isla Púrpura’, estrenada el 11 de diciembre de 1928 en el Teatro de Cámara de Moscú, es una comedia sobre el teatro durante la dictadura del proletariado, sobre la censura y sobre la vida soviética. En este sentido, Padilla planea el problema de la censura como una lacra que nunca desaparece sino que se desarrolla y adapta a cada contexto histórico. En la España de hoy en día, bajo un régimen formalmente democrático, no hay lugar para comités censores y, sin embargo, existen mecanismos más sutiles que funcionan en cierto modo como elementos de control. Por un lado, existe esa suerte de censura previa que todo autor puede sentirse tentado de hacer si cree que su proyecto no va a ser bien recibido por los responsables de la programación de los teatros. Pero también se da una estrategia mucho más pérfida que consiste en ahogar económicamente al sector de forma que la actividad teatral quede reducida a las propuestas comerciales y por lo tanto ideológicamente más inofensivas. Condenar a la precariedad al teatro serio, convertirlo en una actividad semiprofesional no remunerada es una forma de censura. Aplastarlo con impuestos abusivos, haciendo caso omiso de la enorme riqueza cultural que aporta a la sociedad, es una forma de censura y eso lo saben muy bien   algunos  de los responsables políticos que hemos sufrido en los últimos años. (Miguel Pérez Valiente. GLOSAS TEATRALES

 

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