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Madrid, un universo de gastronomía y ocio

De recetas castizas a elaboraciones vanguardistas; experiencias como tomar el vermú con una tapa acodado en la barra de una bodega centenaria, sabores como el del bocadillo de calamares o texturas increíbles en obras de arte comestibles con sello Michelin: el menú gastronómico madrileño es infinito.
Según los datos oficiales, cada año nueve millones de turistas llegan a la capital madrileña para conocer sus encantos y, el turismo gastronómico atrae al 23 % del total de los visitantes.

Antes de sentarse a la mesa, una opción “necesaria” es ir al mercado y, a la estela del céntrico Mercado de San Miguel, convertido en una de las más visitadas puertas de entrada a la Plaza Mayor, muchos de los mercados tradicionales de la capital se han renovado hasta transformarse en auténticos epicentros gastronómicos.
Los hay de todos los estilos y en todos ellos conviven los puestos donde adquirir productos con lugares para degustarlos, con propuestas para contentar a cualquier tipo de turista foodie.
Como entrante, una costumbre muy madrileña es salir “al vermú” o “al aperitivo”, el momento para disfrutar de una de las estrellas de la gastronomía española y madrileña, la tapa, pequeños bocados llenos de sabor que se pueden encontrar en los locales más castizos.
Entre ellos, bodegas La Ardosa -fundada en 1882 y donde las patatas bravas son las reinas de la cocina- , la Casa del Abuelo, fundada en 1906 en cuya barra posó hasta Andy Warhol; o el Anciano Rey de los Vinos, en plena zona turística entre el Palacio Real y la Catedral de la Almudena, fundada en 1886.
El primer plato de la gastronomía madrileña son las elaboraciones tradicionales como el cocido, los callos, las gallinejas o los bocadillos de calamares.
El cocido madrileño tiene su liturgia que hay que seguir: los tres vuelcos o “sota, caballo y rey”, que se llaman; la secuencia es la siguiente: primero, la sopa; después los garbanzos con las verduras y, por último, la carne.
Son costumbres históricas, como los restaurantes centenarios que salpican el centro de la capital.
De récord Guinness el restaurante Botín, que según este libro es el más antiguo del mundo, pues fue fundado en 1725 y cuyos sabores han inspirado a literatos y poetas; también mítico es el Lhardy, de origen alemán, o Los Galayos, en la Plaza Mayor, un lugar histórico donde se disolvió la fructífera Generación del 27.
Para segundo planto, la reconocida constelación “Michelin” que ilumina las mesas madrileñas de diferentes restaurantes como el de David Muñoz, un auténtico renovador de la cocina que consiguió su tercera estrella con DiverXO.
Un buen menú nunca debe carecer de postre y, si es dulce, mejor; para ello en Madrid hay una importante tradición de chocolaterías y hornos donde tomar un café y un dulce, como la tradicional Chocolatería de San Ginés o el Horno San Onofre.
Si la sobremesa de este menú se alarga, una costumbre también muy española, es el momento de tomar un “digestivo”, quizá en alguno de los clásicos como el Museo Chicote o si se llega a la madrugada, el piano-bar Tony 2.
El menú madrileño es, por tanto, un divertido cóctel de propuestas, desde las más tradicionales a las más novedosas. Buen provecho.

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